El Tico Strikes Back

Nos levantamos asustados. ¿Qué carajos hacía mi familia ya en mi casa? Miré el reloj, eran las diez de la mañana. Le dije al Tico que se quedara quieto, que por nada del mundo abriera la puerta.
Me vestí, porque dormimos completamente desnudos. Busqué mi llavero y cerré la puerta de mi cuarto, que parecía más un estudio. Saludé a Mami y le pregunté que hacian todos tan temprano allí. A Mami le extrañó que estuviera todavía durmiendo y me preguntó si había salido en la noche. Le dije que sí y me repitió su eterna cantaleta de que la calle es un peligro.
Me dijo que vinieron a buscarme porque iban a llevar a los nenes al parque. Tenía que buscar la manera de sacar a toda mi familia para poder huir con el macho que tenía encerrado en mi cuarto. Le pedí que se fueran al parque primero que yo, que los alcanzaría después de bañarme. No sé cuál de mis ángeles me ayudó, pero todos siguieron su camino al Parque Luis Muñoz Marín.
Busqué al Tico, le dije que había logrado sacar a mi familia de mi casa, que se vistiera, que lo iba a llevar a la casa de su hermano. Tuve la leche que el hermano vive por Río Piedras y sin mucho contratiempos, le devolví el paquete. Al despedirnos, El Tico me preguntó qué haría esa noche y me invitó a encontranos en Juniors.
El antiguo Juniors, era una de las barras gays más incómodas que había visitado. Me daba terror porque la puerta principal siempre permanecía cerrada y me imaginaba que en un fuego todos terminaríamos como patos a la mangonesa. No sé, pero los lugares gays siempre son los extremos, o es muy barra de mala muerte o muy discoteca fancy.
Esa noche de ese domingo familiar, me encontré de nuevo con El Tico. Nos abrazamos y nos besamos, riéndonos como dementes, por lo que nos pasó en la mañana. Me dijo que se podía escapar como por par de horas, que su hermano lo iba a recoger a las doce. Le dije que estaba sólo otra vez en mi casa, pero que ya no podía comerme el culo porque me dolía. También le dije que si quería repetir conmigo era para yo comerle el culo. Me pidió que lo dejara pensar.
Dió una vuelta por Juniors y regresó de nuevo, como siempre a mí. Me dijo al oído “Llévame”.
Tenía otra vez a ese macho de Costa Rica en mi cama, ésta vez completamente sumiso. Lo desnudé lentamente para disfrutarme cada músculo lleno de poros que sudaban néctares de hombría. Su piel trigueña como madera de selva centroamericana me embriagaba de tragos gratis de éxtasis. Me dió todo su cuerpo, sobretodo su culo de macho.
Me vengué de su rabia y le enseñé que pija era maceta en Puerto Rico.
El fin de semana siguiente nos reencontramos. Nunca olvidaré el coraje que tenía ese macho cuando me sacó de la cama de su hermano.






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