El Licenciado


Finalmente lo llamé. Seguía abrumado por el llanto repentino de Armando. Estaba tan arrepentido de burlarme de él.

Cuando escuché la voz del Licenciado, me llené de valor, y le dije que era Johnny, el bagger del supermercado. Me invitó a su apartamento a tomar vino. Como era cerca de mi casa, me fuí a pie.

En el camino, empecé a buscar excusas para no hacer lo inevitable. Caminaba hacia un nuevo yo. Dejaba atrás todas las dudas que Armando aclaró.

Cuando me abrió la puerta, me sorprendió la masculinidad de ese apartamento. No sé que esperaba, pero no el escondite de un recién divorciado con un hijo casi de mi edad.

Lleno de libros y de cientos de discos de pasta de música clásica me recibió con un sólido saludo, que siempre he repetido. No sé que aria tenía puesta, pero la quitó por la cara que puse. De entrada le dije que no me gustaba la música clásica. Puso algo de jazz.

Trajo el vino y las copas. Me preguntó por mí y por mi familia. Me dijo que acababa de divorciarse, y que su ex esposa y su hijo se habian mudado para Estados Unidos.

No recuerdo cuánto tiempo hablamos. Se hizo de noche. Hablamos de nosotros, si mencionar nada de sexo. Algo mareado por el vino le dije que me iba. Al levantarme me dijo que regresara para cualquier cosa, entre ellas para ver películas pornográficas.

Era lo que esperaba y por fin se había lanzado. Le pregunté de qué tipo. El me contestó de la que él creía que yo quería ver. También me lancé y le dije que la quería ver en ese momento.

Me invitó a su cuarto, sin tocarme. Me enseñó su colección de videos de películas pornográficas. Me preguntó de qué tipo quería ver. Le dije de hombres.

Puso una película de porno gay. Una escena donde un macho se estaba clavando salvajemente a otro sobre una mesa. Se me puso el bicho bien duro. Siguiendo mi instinto, me bajé los pantalones y empecé a jugar con mi pinga.

El Licenciado miraba fijamente mi bicho sin atreverse a tocarme. Le tomé la mano y se la puse en mi bicho que me latía bien cabrón. No le tuve que pedir que me lo mamara como se lo pedí a mi primo mi primera vez.

Yo miraba la película y la cara de pervertido criminal en que se habia transformado el Licenciado. La misma cara que le vería tantas veces después, cuando fué presentándome, uno a uno, a todos sus amantes straights.

Me guió. Me puso el condón, el bicho en su culo y apagó el televisor con el control remoto.

 

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