Permitido olvidar


Olvidé su cumpleaños. También  el de Paula. La llamé al celular, pero no me contestó.

No sé nada de Paula desde hace par de semanas que cambió de trabajo. Lo último que me dijo fué que su jefe nuevo estaba bien rico.

Buscando el teléfono de Paula en mi celular, ví el número de Carmen. Aún no lo he borrado. No puedo. A pesar de haberme despedido de sus cenizas, no me puedo despedir de su número de teléfono.

Carmen era una compañera de trabajo que se retiró debido a su enfermedad. Mientras trabajó conmigo, se convirtió en mi mentora. Gracias a su guía, supe sobrellevar un repentino ascenso con aplomo. También, gracias a esa guía, nos convertimos en grandes amigos. Creo que fuí en su vida, un nuevo hijo.

Aún en su retiro, no perdimos contacto. Casi a diario me llamaba o yo la llamaba, para ponerla al día con la rutina de la oficina. Sabía que a pesar de ese retiro forzoso, su deseo era seguir allí con nosotros en la brega cambiante de nuestro trabajo. Se inventaba cualquier tontería para hacerme parte de sus cosas.

Lo que yo me inventé fué una fortaleza de cuerpo y espíritu, que lo podía vencer todo. Hace poco, en una noche solita en el hospital, la muerte venció finalmente el cuerpecito débil de Carmen. Luego aprendí, que la muerte no vence al espíritu, porque Carmen se despidió de mí con un beso.

Olvidé el cumpleaños de Armando. Armando mismo me lo recordó. Me encontré con él, luego de varias semanas, luego de no haber sido invitado a la boda de Marta.

Marta, la prima, que conocí primero que a él, la que nos presentó, la que me consideraba como parte de su familia. Jamás fuí invitado a su boda, ni por ella ni por Armando.

Me enteré de su boda por el padrino, Armando, que con toda la intención, me lo ocultó, para restregármelo después. Para que supiera de una vez y por todas, que yo no era parte de él ni de su familia. No me sentí rechazado, hasta que mi propia madre, al yo contárselo, ofendida me pidió, que me olvidara de todos ellos. Desde entonces, Mami no me ha vuelto a preguntar por Armando, que siempre lo ha considerado como un hijo más.

Sé que algun día borraré el número de teléfono de Carmen de mi celular. Mientras tanto me gusta ver su nombre entre la lista de mis contactos. En esa lista no está el teléfono de Armando. He inventado tantas cosas para que no sea parte de mi vida. Pero lo es.

No puedo justificar nuestros continuos encuentros. Pronto se cumple un año de el regreso de Armando en mi vida. Un regreso provocado por asuntos de su trabajo. He modificado muchas cosas de mi diario vivir para evitar verlo. Pero como siempre, nuestras vidas nos guía para encontrarnos.

Anoche hablamos. Anoche nuestras almas se volvieron a besar. Se permite olvidar.

 

What did you think of this article?




Trackbacks
  • No trackbacks exist for this post.
Comments
  • No comments exist for this post.
Leave a comment

Submitted comments are subject to moderation before being displayed.

 Name

 Email (will not be published)

 Website

Your comment is 0 characters limited to 3000 characters.