La boda de ella

Ivette
es la mejor amiga de Carol. Era una rampletera del carajo. Como a la mayoría de
los cazadores, con el tiempo a perdido el ojo, y ha caído de pendeja en varias
relaciones.
Primero
le dío con meterse con chamaquitos. Botó la pelota con el chamaquito de Ponce
que todavía vivía con su mamá. Pero de ahí pasó con Andújar, un viejo de
mierda, que lo primero que hizo fué meterse a vivir a su apartamento. Ahí se
instaló sin pagarle nada a Ivette, porque la porquería de sueldo que se ganaba,
la tenía que pagar en pensiones.
Viendo
el caso de Ivette y de los matrimuertos de Robles, me pregunto donde está el
compromiso en este país. Desde San Valentín, que Robles no me llamó por estar
con sus mariconerías con el noviecito de turno, ya le he conocido a tres
matrimuertos más.
Los
matrimuertos son los noviazgos que brotan de la nada, en la vida diaria de
Robles. Robles es el eterno enamorado en la búsqueda de su eterno amor.
Mientras aparece, se chinga todo lo que puede. Lo malo con la caballota es que
mientras más bicho coge, más bellaco se pone. Me encanta cuando me llama para
contarme lo que se ha chingado y me dice que es una cosa del demonio y que
quiere más.
Así me
imagino que estaba Ivette, en la búsqueda de un amor eterno. Aún no me explico,
cómo en esa búsqueda conoció a este viejo vividor. La cosa se puso fea cuando
Carol recibió la noticia de que Ivette se casaría con Andújar.
Nos
quedamos petrificados, preguntándonos como esa hijeputa de Ivette, que se comía
los nenes crudos, se casaría con ese elemento.
Le
dije a Carol que lo más seguro el viejo tenía una clase de maceta que la tenía
ciega. Me preguntó porqué yo pensaba eso. Le dije que habia visto a muchos
maricones aguantar puños y patadas por una buena pinga. También le dije que con
las mujeres la cosa debería ser peor por el punto G, que gracias a Dios los
maricones no lo tienen. Que me imaginaba que por el dichoso puntito, las
mujeres no tan sólo aguantarían puños y patadas, hasta hambre pasarían por una
buena maceta.
Me
mandó pal carajo. Yo simplemente le dije que la única forma de evitar esa boda
era con otro buen bicho.
Carol
me dijo que definitivamente había que impedir esa boda. Le hice una llamadita a
Polanco, mi policía favorito bellacón y le dije todo lo que estaba pasando. Le
dije que yo le iba acomodar a Ivette y que él se encargara del resto, que eso
era un polvo seguro. Me preguntó si Ivette estaba buena. Le contesté que no tan
sólo Ivette estaba buena, que con sus tetas se podía hacer una puñeta rusa
cabrona.
Tan
pronto llegué a mi apartamento me conecté al internet. Me metí en el ICQ, a
esperar que se conectara
Ella
me preguntó que si mi pana era straight, y yo que sí, que yo lo he fajado y no
me hace caso, que tengo su número de teléfono, que lo puedo llamar. Ella media
dudosa, me dice que lo llame a ver lo que dice, yo le digo que sí, que voy a
llamar a ese bellaco, que el bellaco me dijo que iba a todas y que le diera su
número a mi amiguita para que lo llamara.
Le envié
a
Al
otro día, recibí las llamadas tanto de Polanco como de Ivette, para contarme lo
que había pasado la noche anterior. Luego de recopilar las versiones y de
investigar los hechos, todo parece indicar que la sospechosa le hizo una
llamada al uniformado, se citaron para verse y terminaron chingando en un
motel.
No sé
cómo Polanco se la clavó, si hizo la puñeta rusa, pero la boda de ella se
canceló. Sé que Ivette y Polanco salieron por un tiempo, a chingar mayormente.
Con el
tiempo, Ivette reanudó sus estudios de la maestría y montó un negocio. Sigue
con sus relaciones estrambóticas. Supe que el último se le escapó a Santo
Domingo un fin de semana completo, con su dinero. Ya le dije a Carol que si
pensaba casarse con ese, que por mi parte, que se jodiera.







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