El jacuzzi de Elysium

Ese
fin de semana de Memorial Day y de mi cumpleaños número 37, por cosas
de la vida, no me fuí a Brasil con Carol y su mamá. Tampoco viajé a Universal
con George. Ya habia hecho el viaje en el crucero como mi gran regalito, pero
los planes eran, que ese cumpleaños, yo estaría en Downtown Disney viendo
Tuve
que inventarme un viaje relámpago a Fort Lauderdale con Robles. Tuve que viajar
un lunes y regresar a Puerto Rico el jueves. Ese viernes era mi cumpleaños. Lo
bueno de este viaje, que inventamos a última hora, fué que descubrimos el Elysium Resort.
Este
complejo enorme, cubre un bloque completo a pasos de la playa de Fort
Lauderdale. Nos sorprendió el trato tan amable de sus dueños Steve and Gary,
una pareja gay. Encantadores los dos. Las habitaciones son estudios con todas
las facilidades que te puedas imaginar. Elysium Resort nos pareció
sumamente acogedor y bello. Los jardines son sencillamente espectaculares.
Pero
lo que más nos gustó, fueron los machos que vimos. Y eso que estuvimos días de
semana. Cuando Robles y yo empezamos a ver a los holandeses, alemanes,
venezolanos y americanos, tuvimos que reestructurar todos nuestros planes y
poner a trabajar al animal.
Robles
y yo reservamos uno de los mejores estudios, frente a la mejor piscina de el resort.
Al dar las rondas nos dimos cuenta que el punto era el jacuzzi. Un jacuzzi como
de 20 pies de largo. Ese lunes, cancelamos los baños, salimos un ratito para Score
en South Beach y regresamos a las 11:00pm para hanguear por el jacuzzi.
A esa
hora nos encontramos con la pareja de holandeses, uno de ellos alto y bello,
nunca supimos a qué se dedicaba. El otro viejo y explotao, dentista de
profesión. Robles se había conectado con el más joven por la tarde, así que ya
tenía apuntao esa macetota que flotaba en el agua. También estaba en el jacuzzi
un americano de Ohio que se había mudado a
A las
12:00am llegaron dos parejas más, la del venezolano y el americano de
Washington y la pareja de Indianapolis. Estos fueron los machos que me volaron
la cabeza. Ambos eran como de 33 años, guapos y desde que me vieron, no pararon
de coquetearme. Luego llegaron tres machos más, todos americanos.
En un
momento dado todos coincidimos en el jacuzzi, todos desnudos menos yo. La
tensión sexual que había era tan brutal. Yo no sabía qué hacer, porque lo único
que me interesaba era llevarme la parejita de Indianapolis. Recuerdo que eché
mi cabeza hacia atras para mirar la luna llena y las estrellas. Parecía que
estaba viviendo un sueño, rodeado de 12 hombres desnudos, casi todos guapos,
con mi Cosmopolitan y el calorcito del agua, en una de las noches mas bellas de
mi vida.
Cuando
levanté mi cabeza, Robles le estaba mamando la pinga al holandés alto y guapo.
Robles se tragaba ese bicho completo con toda la intención de jodernos la
cabeza a todos. A mi lado tenía al otro holandés secreteando con el chamaco de
Atlanta y algo ya me decía, que esto iba a terminar mal.
La
pareja de el venezolano y el de Washington se salieron del jacuzzi y se
largaron para su habitación. Los siguieron los tres americanos.
El
dueño de la mueblería miraba como Robles jugaba con su lengua, con el boquetito
de la punta de la maceta del macho de los Países Bajos. En una esquina, la
pareja que me interesaba, hacian que no me miraban.
De
repente, el otro holandés se levantó con el nene de Atlanta, y le gritó a su
pareja que se iba. El tipo le sacó el bicho de la boca de Robles y como un
perro faldero, se fué detras de su dentista.
Me dió
un mal de risas histórico, mientras le decía a Robles, en español, que eso le
pasaba por puta. Robles no tuvo más remedio que reirse también, mientras me
decía en español que tarde o temprano se tiraba esa maceta. Al otro día, el
holandés se clavó a Robles en el sundeck.
Al
oirnos hablar en español, el dueño de la mueblería se largó pal carajo. Le dije
a Robles que me dejara solo con la pareja de Indianapolis. No sé donde se metió
Robles, pero esa noche no nos volvimos a ver.
Cuando
estuve sólo con la pareja que me gustaba, salí del jacuzzi y ahí fué que me
quité el traje de baño, al frente de los dos. Caminé hacia ellos y me senté en
el borde entre ellos. El más alto, el más que me gustaba, fué el primero que me
agarró la pinga y miraba a su pareja como pidiendo permiso. El le dijo en
inglés que lo hiciera, que lo queria ver mamando mi huge cock.
El
macho empezó mamando mis bolas, tratando de tragarse las dos a la vez. Entre
bola y bola miraba a su pareja. Encabronao me agarré el bicho y le metí la
punta en su boca para que dejara de jugar con mis bolas. Yo también empecé a
mirar su pareja y le pedí permiso para meterle el bicho completo en la boca.
Al
poco rato, el dueño de la mueblería regresó al jacuzzi. Le dije al que nos
velaba, que en mi habitación tenía condones. El le preguntó al otro si quería
que yo lo clavara. No se atrevió a contestar. Contesté por él. Nos fuimos a mi
cuarto, los tres desnudos.
En el
estudio, dejé que él de los permisos, diera las órdenes. No quería que me
pasara, lo que le pasó a Robles por comelón. Ví como el macho me acostaba al
tipo en la cama, le levantaba las piernas, para mamarle el culo. Me puse el
condón, porque sabía que en cualquier momento me darían permiso para clavarlo.
Así
fué. El tipo acostó a su pareja sobre su pecho y con los brazos, le aprisionó
las piernas. Me pidió que clavara a su macho con mi latin cock. Le dí
maceta suavecito primero, porque quería disfrutarme ese culito rico. Los dos
empezaron a besarme. Me entró una bellaquera hijeputa y maceteé ese macho,
hasta que el otro se vino tres veces, mirándonos.







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