Big Guns


Me encantan las películas porno. Tengo una buena colección de películas frescas, sobretodo gays, una que otra bisexual y par de straights, en caso de una emergencia.

Sobre las películas pornográficas bisexuales, hay algo que no entiendo. ¿Porqué siempre el macho straight se clava al macho gay con condones, el macho gay se clava a la mujer straight sin condones y la mujer straight se mete el bicho sin condón de el macho straight? Incomprensible.

La primera película porno gay que ví en mi vida fue Big Guns,  que resultó ser con el tiempo, un clásico de clásicos. Esta es la película dónde el legendario Chad Douglas le dá una santa clavá a un tipo que fué a su apartamento a cobrarle el periódico (Kevin Wiles). Chad lo recibe en una bata blanca y le dice que entre. Al prepararle el cheque, la bata se abre y el tipo se queda mirando fijamente en la pingota de ese cabrón.

Con un gesto de la cabeza, Chad le señala que se mueva a la mesa, pero el tipo, que está tan bellaco, lo que hace es mamárselo. Cuando ese legendario tronco de bicho (que ya no está entre nosotros) se paró, el pingón de Chad recuesta al chamaco sobre la mesa y se lo empuja. Al rato lo vira sobre la mesa frente a él. A puro macetazo, Chad Douglas se va trepando en la mesa para dar una de las clavás mas hijeputas que se han filmado. Sublime.

No sé cuantas puñetas me he jalado viendo esta escena, pero es una de las más cabronas de la cinematografía pornográfica, tanto gay como straight.

Big Guns la he comprado tanto en video como en DVD. Es de las pocas películas que se consiguen de la era pre-condom. Todas las escenas son brutales, porque todas tienen en común que comienzan con un foreplay. Además, todos los machos están buenísimos.

Como coleccionista de películas indecentes, de vez en cuando me detengo, si veo en mi camino alguna tienda de artículos para adultos. Les hago una visita para ver lo que hay disponible. Generalmente, venden y alquilan películas sucias.

Una noche que regresaba del área oeste de la Isla por cosas de el trabajo, pasé por una barriada de pueblo, y noté para mi sopresa que en una de sus calles, había una tiendita de cositas eróticas para adultos. Aún estaba abierta y eso me intrigó. Mi nuevo role model para ese entonces era Dred Scott, porque ese bellaco clava como yo clavo. Decidí dar la visita a ver lo que había de mi clon macetero.

Al entrar en el pequeño local noté que prácticamente lo que había eran películas. En la caja estaba cuadrando sólo, este muchacho como de 27 a 30 años, de 5′8″, medio surfer y atlético, que me dió las buenas noches. El rostro no lo ví muy bien porque tenía un gorrito cubriéndole media cara. Le pregunté si tenía películas gay pre-condom. Señalándome el final de el pequeño pasillo, me dijo que las pocas que tenía, estaban al lado de las películas bi, que al terminar lo que estaba haciendo, me iba a ayudar.

Seguí su dirección y comencé a buscar por los racks, sin encontrar algo que me interesara, nada pre-condom y nada nuevo de Dred. Después de como 10 minutos, a punto de irme, el muchacho se acerca a mí. Viene sin el gorro puesto, y por fin le veo el rostro. Me impresionó lo lindo y lo macho que se veía. También venía con la camisa sacada por fuera, para tratar de tapar el bicho parao que se le marcaba bien brutal en el pantalón de nylon para correr.

Me le quedé mirando a la pinga, para que se diera cuenta, que yo me dí cuenta de su bellaquera. Formalmente me preguntó en qué me podía ayudar. Le dije que estaba buscando algo nuevo de Dred Scott. Rozó su bicho duro sobre mi cuerpo, mientras se hacía que buscaba algo en los racks superiores. Entonces pregunté si yo era el que podía ayudarlo en algo, mientras le agarraba el bicho.

Me dijo que sí, que esperara y se fué a cerrar la puerta de la entrada. Regresó a mi y me llevó a una cobacha donde almacenaba otras películas, algunos bichos plásticos, lubricantes y condones. Me bajó los pantalones mientras yo me desabrochaba la camisa de mangas largas. Yo tenía el bicho medio parao, porque cuando ví que cerró la puerta, lo primero que pensé fué en Ted Bundy. Hasta aquí llegué, por bellaco.

Se metió mi bicho medio mongo en su boca calientita y yo veía como esa maceta se me ponía, a fuerza de lengua de ese macho de campo. No sé que carajo fué, pero nunca había visto mi bicho tan grande. Ese huevo se me puso como una daga de samurai; filoso, curvo y largo.

Con la cabeza le señalé la mesa donde estaban las películas y agarré un paquetito de tres condones. Me puse uno y se lo empujé. El tipo se estaba dejando llevar por la bellaquera, porque tenía ese culo bien cerradito. Lo tuve que escupir como tres veces, para metérselo hasta las bolas. Cuando noté un lubricante, le dije que se virara frente a mí y que levantara el culo agarrándose las piernas. Me quité el condón y me puse el segundo. Me lubriqué sólo la punta, mientras que con dos dedos, le lubricaba el rotito al tipo.

Me trepé en la mesa, y con mi cuerpo comencé a presionarle mas las piernas hacia su pecho, obligándolo a levantar más el culito, ensartándole mi bicho completo. Lo maceteé bien cabrón, hasta que me vine la primera vez.

Me quité el condón, y me puse el tercero, mientras le decía al chamaco que se tirara al piso boca abajo, que todavía yo estaba bellaco. Me trepé paralelo sobre él como si fuera un banco de pesas y empecé a macetearlo, dejando que mi daga buscara solito ese rotito. Ese animal estaba tan bellaco y rabioso, que no fallaba. Me lo clavé bien rico, haciendo push-ups sobre él, mientras le rogaba, susurrando, que me aguantara bicho, que yo me tardaba mucho en venirme en el segundo polvo.

No he regresado a ese pequeño video. Han pasado dos años. No supe su nombre, si era casado o no, si tenía hijos. Sólo supe, que también, una de sus películas pornográficas favorita era Big Guns.

 

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