You’re bad, you’re sexy

Finalmente
conocí a Dan, luego de varios intentos. Lo citaron en Sixth Street en el downtown
de la ciudad de Austin, para conocerme y jamás llegó. Por mi parte yo me
disfrutaba de esa calle tan llena de vida y de música, encabronao con Tom, Evan
y su tribu de Shaka Zulus, por su desespero por el escurridizo Dan. Estoy
seguro que les picaba las venas.
Sixth
Street me impresionó mucho. Es toda una avenida llena de negocios estilos Hard
Rock, donde en la mayoría de estos locales temáticos, tocaban bandas en vivo.
Algo parecido a la calle Duval en Key West, pero con otro sabor mucho más
musical y artístico, y con la misma bebelata. Encontré todo tipo de música,
locos y bohemios.
En
otra de las noches, fuimos a cenar a Doña Emilia, un restaurante de
comida mayormente colombiana. Me encantó lo íntimo, acogedor y chic
del sitio, aparte que allí ví los latinos más guapos de la ciudad. Otra véz el
famoso Dan jamás llegó. Ya para el miércoles, a mitad de mi viaje y de mi adiestramiento,
decidimos pasar la noche viendo películas. Alquilamos varias, entre ellas
recuerdo The Ladykillers, que por supuesto salían varios negros.
A
mediados de la matanza, uno a uno de los personajes de la película, apareció
finalmente en el townhouse, sin avisar, Dan.
Tan
pronto entró ese guerrero de casi siete pies, en esa casa de uno de los Zulus,
por poco me cago encima. Me dió una mezcla de susto, placer y mello que no supe
si correr o abandonarme en los brazos de ese macho que solamente se fijaba en
mí. Me miraba como estudiándome, creo que me olía y que hasta habló con cuantos
espíritus estaban a mi alrededor.
Nunca
vi tanta negrura en una piel tan hermosa. Nunca ví tanta belleza animal en un
simple hombre. Ahí estaba Dan. Me picaron las venas, el corazón y hasta el
culo.
Los de
la tribu corrían a adularlo. Tom, el único blanco cara pálida, a pesar de que
se tiraba todas las noches el bicho más largo de todo Texas, miraba a Dan como
quién mira un sueño imposible. Sé que el Evan lo notó, como tiene que haberlo
notado antes, porque también empezó a fijarse en mí, no sé si para salvarme o
para pelearse la presa con su rival en los sueños.
Dan
les daba migajas de él a todos, mientras se sentó a mi lado y me preguntó por
mi nombre y me pidió la mano para leerme el futuro. Me dijo que yo había
sufrido mucho por un amor que siempre me rechazará, y que yo era alguien que
había que temer. Desde entonces me repetía a cada rato, en un tono sexy, “You’re
bad, you’re sexy“.
Me
preguntó dónde me estada quedando y me dijo que más tarde en la noche iría a mi
habitación. Y así como llegó, se fué. Dejando a todos suspirando, y a mi loco
por regresar a mi cuarto en el hotel.
Esa
noche el guerrero llegó a mi habitacíon con su you’re sexy, you’re bad.
Con su you’re sexy me levantó como si nada y me llevó a la cama. Con
su you’re bad me quitó la ropa y me mamó la pinga, el culo y a todos
mis espíritus. Se desnudó solo y me enseñó su lanza prieta.
Como
todo guerrero ante un rival más poderoso, me hizo reverencia, se levantó las
piernas y me ofreció su roto. Me comí ese roto con mi lanza prieta esa noche,
todas las demás noches, cuántas veces quise, hasta que regresé a Puerto Rico.
Terminé
el adiestramiento con una presentación de grupo. Me boté. Mi icebreaker
fué empezar mi parte en español, ante las caras atónitas de todos esos
supervisores prietos, blancos y chuecos que no me entendían ni papa. Me reí
como loco, con mi cuerpo lleno de hickies, satisfecho de mi captura,
que todas las veces que lo llamaba, llegaba a mí, con las piernas siempre
abiertas y con su rica ofrenda.
I’m bad, I’m sexy.







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