Vuelve Steve, vuelve



Estuve viviendo con mis padres hasta los 30. Soy el mayor de cuatro hijos, el único que no se ha casado, no tan sólo de los cuatro, tambien el único de los 156 primos que tengo. Ya mi abuela es tatarabuela, así que entre esos 156 primos ya algunos son abuelos y abuelas. No es que sea el único maricón, porque de esos156 primos he chingado con dos, pero soy el único jamoncito de la familia.

Al principio todos me preguntaban cuando me casaba. Tan pronto me establecí en mi apartamento con mi buen trabajo invirtiendo mi dinero en acciones y en viajes, con mi buen carro y el banco virao todos mis primos se quejan ahora que nunca debieron casarse.

Salir de casa me costó. Adoro a mis padres, sobretodo a mami. Es de esas madres bien mamá gallina que siempre quiere tener a todos sus polluelos cerca. Quizás por  eso siento que mis seis sobrinos son como hermanitos nuevos.Y de todos esos polluelos sigo siendo el favorito. El favorito de mamá, el favorito de papá, el favorito de mi hermana, el favorito de mis hermanos, el tío favorito, el primo favorito, el nieto favorito, sobrino favorito, el nene lindo de la familia, el favorito. Con tantas atenciones confieso que nunca me he sentido solo.

Bueno, compré cerca de la casa de mis padres. Me crié en Hato Rey y soy un jíbaro de Hato Rey así que compré en Hato Rey. Aún con la cercanía, le tengo a mami una habitación así que se pasa metía en mi apartamento, también papi, mi hermana, mis hermanos y mis sobrinos. Se ha convertido en la base de operaciones de mi familia.

La nueva base familiar permaneció cerrada los primeros seis meses. Cuando me entregaron las llaves de mi apartamento en lugar de celebrar me entró una etapa de negación donde busqué cientos de excusas para no mudarme. Que tenía que pintar, que comprar los muebles, que me faltaba la nevera, que sin tormenteras no  me mudo, que tengo que equipar la cocina, que necesito unas cortinas verticales, que no han puesto el teléfono, que hay que montar la cama, que necesito unos aires acondicionados, que si esto, que si aquello, que no me mudo, no me mudo.

Una de esas noches de negación, me fuí con Robles para Atlantic, un fin de semana largo, creo que de 4 de julio. Robles no tenia vuelo así que también estaba libre.

Me encanta coger calle con Robles. Lo conocí un día por casualidad en casa de Cano, un amigo mutuo que ya no es tan amigo de los dos. Robles tiene un millaje no tan sólo de vuelos, tambien de bichos que ha cogío. Qué Ivy Queen, Robles es la verdadera Caballota. En esos días que aun me creía heterosexual, haber conocido a Robles fué una bendición. Me guió. Nos convertimos en los perfectos cómplices. Yo top y Robles bottom, sin competencia porque las presas de cacería no eran la misma.

Como esa noche de Atlantic cuando aún no me habia mudado. Conocimos a este macho espectacular que estaba en Puerto Rico de vacaciones. Se llamaba Steve. Y cuando digo espectacular es porque era un verdadero adonis. Con el pelo rizo rubio bien surferito de 5′8″ y ojos azules como las olas. Un americanito de San Diego, California. Robles que siempre es el mas extrovertido de los dos, lo conectó y me lo presentó.

De Atlantic nos fuimos a una discoteca en la Avenida Borinquen que lo poco que recuerdo del sitio es que estaba adornado con tela de sacos. No sé que le dijo Robles sobre mí a Steve que se me pegó como chicle. Aproveché para exhibirme con ese macho. Entre tragos y besos creo que Robles cogió un taxi y me llevé a Steve a mi apartamento.

Estrené con Steve la cama que habia montado precisamente la semana antes. Le dí una santa clavá a ese macho de lo rico que estaba. Le hasta dentro del pelo rizo rubio. Al otro día me mudé. Ese día abrí el matadero. Establecí unos horarios para las matanzas de las reses que vendrían. Establecí unas reglas entre ellas que siempre dormiría solo.

De Steve solo me quedé con su e-mail. Le dí mis teléfonos, mi dirección, mis e-mails, pero no me contactó. Mi amiga Carol me decía que eso fué una leche que tuve y que aceptara que no volvería. Me negué a aceptarlo. “Vuelve Steve, vuelve” así le gritaba a Carol y ella riéndose me preguntaba si cuando estuvieramos viejos en el asilo yo seguiría con la misma cantaleta.

El año pasado compré una nueva computadora y por primera vez una webcam. Todo ese tiempo mantuve el e-mail de Steve entre mis contactos.

Una noche en un broadcasting, por fin ví a Steve online y nos volvimos a ver por cam. Vuelve Steve, vuelve.

 

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