Feromonas



La triste noche del inesperado reencuentro con el periquito Antonio, llegué a mi apartamento entristecido.

Siempre que he ido a Starz (la discoteca de moda de los sábados en Puerto Rico) ya a  las dos de la noche y antes de volverme calabaza, estoy de regreso al matadero molesto. Todos me dicen que a esa hora es que se pone bueno y que la pasan  cabrón.

Pero no puedo. He ido tres veces y me parece incómoda, ridículamente cara y una total pérdida de tiempo. Esa tercera ocasión, llegué a la discoteca con tres tragos encima y con Antonio. De todas las veces en Starz, esa entristecidan oche ha sido la peor. Debí haber ido con Robles, mi partner in crime, pero él volaba para Chicago.

Me encontré con Antonio cuando me despedía de Tía María, con sus tragos más baratos, incómoda también, pero dónde nunca he perdido el tiempo. Como suelo decir: no hay nada como Tía María, ese bar de mala muerte que fué el primer lugar gay que visité.

Conocí a Antonio en la impresionante parada de Halloween de Eros, entre musculosos Power Puff Girls tetonas, faraones pingones y ángeles en tanga. Lo conocí a destiempo, cuando ya conocía a George.

Había algo en Antonio que me arrebataba, un olor a sexo que me obligaba a decirle que lo amaba, cual perro en celo. Aunque no fuera cierto, esas feromonas eran siempre más fuerte que yo. Me lo clavé diciéndole que lo amaba.

Lo vi, luego de haber escogido a George. Lo vi, luego de haber terminado con George. Lo he vuelto a ver, cuándo está de nuevo en mi vida mi gran amor Armando, otra véz odiándome. Hoy lo volví a ver, cuando dejé a Nestor en Tía María con las ganas de besarme.

Mi Antonio, hoy más hermoso que nunca, arrastrándome a Starz. Me dejé llevar. Bailé con él, pero Antonio no bailaba conmigo. Antonio buscaba con quién bailar con nuevos pasos, tambaléandose por el alcohol y las ganas de chingar.

Se regalaba. Seguí su juego, que mas dá, si ya fué mío y todos en la pista terminarían ignorándolo cuando se dieran cuenta de lo borracho que está.

Sé que no lo escogí, pero quería sentir ese olor que me enamoraba. Ya no estaba a mi lado. Lo busqué en la pista, pero se perdió bailando sin mí y me fuí.

Mi Antonio, él que en nuestra Navidad me regaló una novela de Mayra Montero. Mi Antonio, que sólo sabía un paso de baile y bailaba apoyándose sobre mí. Mi Antonio, el hombre con aroma de sexo que me enloquecía.

Quería seguir bailando contigo y sentir tu olor. Te hubiese repetido que te amaba.

Feromonas.

 

What did you think of this article?




Trackbacks
  • No trackbacks exist for this post.
Comments
  • No comments exist for this post.
Leave a comment

Submitted comments are subject to moderation before being displayed.

 Name

 Email (will not be published)

 Website

Your comment is 0 characters limited to 3000 characters.