Chocolates y promesas

El
pasado día de San Valentín regresé a mi apartamento sólo y con una bolsa
plástica llena de chocolates. Un día normal, si no fuera por los chocolates.
Para
alguien que nunca ha buscado una pareja y los tiene a cien como las bandadas de
periquitos en San Patricio, celebrar los días del amor es simplemente esperar
las llamadas de los amigos que realmente te quieren.
La
primera llamada que recibí fué de Paula. Paula es una de las mujeres mas bellas
que he conocido en mi vida y lo que la hace mas hermosa es que piensa y vive
con la misma libertad que tenemos los hombres. Es una hijeputa.
Recuerdo
la primera vez que nos conocimos en mi antiguo trabajo. La habia llamado para
ofrecerle el empleo y citarla para llenarle unos documentos. Ella habia quedado
profundamente impresionada por mi voz, así que llegó a la tienda vestida a
matar, dispuesta a conquistarme.
No sé
cuál príncipe se imaginó, pero la pobre se encontró con un sapito esquelético
que además la ignoró por completo. El sapo estaba más pendiente del nuevo chico
de las modernas cajas registradoras que de sus bellas piernas y sonrisas.
Solo
me fijé en ella cuando en uno de los documentos preguntaba sobre cicatrices o
tatuajes. Paula me contestó que tenía un tatuaje y yo de lo más picaro y falso
macharrán le dije que tenia que verlo. Se viró y me lo enseñó: una mariposa
multiculor entre su cuello y el principio de su espalda. Desde entonces nos
conectamos y nuestra amistad ha sido siempre una complicidad de aventuras que
les prometo escribiré.
Así
que la primera llamada que recibí el día de San Valentín fue de Paula para
saber de su amiguito top 7 pulgadas uncut y como siempre me preguntó por mi
tronquito. Está convencida que algún dia me la clavaré.
De
Carol ese dia no supe nada, luego me enteré que el frente frío habia llegado a
Miami y la temperatura bajó a 43 grados. La cochambrosa de Carol tenía un
catarro brutal. Aunque no recibí su llamada hasta dos días después, pensé mucho
en ella. Ya pronto tendré que reanudar nuestro contrato de matrimonio. Ya
cumpliremos diez años en este tajo y quiero cinco años mas.
Sobre
nuestro matrimonio pospuesto, mis aventuras en Miami y nuestros planes de
retiro también prometo que escribiré.
Marahid
la veo todos los días y en ese día de San Valentín le hizo mas caso a su novio
que a mi. Algún dia tenía que soltarme de ese bloque. Aun así me llegó su
llamada y sus chocolates. De los 3 matrimonios de Marahid, de los fleteos en el
mall y de nuestro café diario les prometo que escribiré.
Recibí
tantas bolsitas de chocolates que mi escritorio se convirtió en una
alfombra persa de dulces y sabrosos colores. Los chocolates eran regalos de
algunas de mis compañeras de trabajo, todas ellas solas, unas dejadas,
divorciadas otras soñando todavía con príncipes y con tatuajes de rosas y
mariposas en los tobillos.
Al
final del día ningún macho me llamó. Ni siquiera Robles, mi único amigo gay.
Seguro estaba celebrando con su novio de turno. De los matrimuertos amorosos de
Robles les prometo que escribiré.
Los chocolates estan sobre la mesa del comedor. Esperan por mis sobrinos. El día siguiente del día del amor regresaron los periquitos buscando el tronco. Sobre los periquitos escribiré.







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